17 julio 2025

Así lo plantea un artículo publicado en la revista ‘Atención Primaria’ por Marta Cárdenas Ramos, Robert Panadés Zafra, Aïna Fuster Casanova, Montserrat Ciurana Tebé, Alba Junyent Bastardas y Alejandro Cervera García, donde se analiza cómo la telemedicina está llamada a revolucionar la forma en que las personas se relacionan con su salud. Acceso remoto al historial clínico, posibilidad de hacer seguimiento a enfermedades crónicas sin desplazamientos, y una mayor autonomía en la toma de decisiones son solo algunas de las ventajas que ofrece.

Empoderar sí, pero... ¿para todos?

Sin embargo, no todo son beneficios. El estudio también advierte de un riesgo que no puede pasarse por alto: la brecha digital. Personas mayores, con menos recursos, sin formación tecnológica o con discapacidad pueden quedar fuera de este nuevo modelo de atención. En otras palabras, la telemedicina, si no se implementa con criterios de equidad, podría terminar ampliando las desigualdades en lugar de reducirlas.

Y aquí entra en juego el gran reto ético: ¿cómo garantizar que esta innovación digital no deje a nadie atrás?

Privacidad, confianza y el dilema de los datos Otro de los focos del artículo es la protección de la privacidad y la seguridad de los datos de salud. La confianza del paciente en estos sistemas depende en buena medida de una correcta gestión del consentimiento informado y de una regulación clara, tanto a nivel europeo (RGPD) como nacional (Ley Orgánica 3/2018).

¿Qué hacer para que funcione? Para que la telemedicina sea realmente efectiva y justa, los autores proponen medidas concretas: formación en competencias digitales tanto para usuarios como para profesionales, plataformas accesibles, diseño inclusivo, y un modelo de atención híbrido que combine lo digital con lo presencial, sin perder el contacto humano, que sigue siendo clave en la relación clínica.

En definitiva, la telemedicina tiene el potencial de poner al paciente en el centro del sistema sanitario, pero solo si se hace bien. Si se corrigen las desigualdades, se protege la privacidad y se garantiza una atención personalizada, esta herramienta puede ser una de las grandes aliadas del futuro de la salud.

¿Y si la telemedicina pudiera reducir las desigualdades en todo el mundo?

Esta reflexión sobre los desafíos éticos y sociales en España conecta con otro análisis centrado en los países en desarrollo, donde la telemedicina podría ser clave para promover la justicia social a escala global.