Una investigación conjunta de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria y la Asociación Española Contra el Cáncer ordenan los efectos secundarios que suponen un deterioro importante de su calidad de vida para las supervivientes de cáncer de mama. Fatiga y dolor, además de los efectos físicos, psicológicos y sociales; hacen necesario un cambio de mirada sobre las secuelas del cáncer. Los resultados se han publicado en la Revista de la SEMFYC Atención Primaria¨ a través del artículo ¨Factores determinantes de las mujeres supervivientes de cáncer de mama¨. Esta es la primera iniciativa que ve la luz tras el acuerdo de colaboración alcanzado entre ambas organizaciones el pasado 4 de febrero.
Analizar el impacto de las secuelas en las pacientes permite que la Atención Primaria pueda desarrollar modelos integrales que incluyan programas de atención continuada y trabajo en red con otros profesionales psicosociales, entre los que se encuentran los psico-oncólogos, promoviendo la creación de planes personalizados que mejoren la calidad de vida de las largas supervivientes. Es vital realizar enfoques multidisciplinarios que incluyan la Atención Primaria y otras profesiones. La psico-oncología y el uso de planes personalizados posibilitan asegurar un seguimiento continuo y adaptado a las necesidades individuales de las supervivientes de cáncer a corto y largo plazo. Este trabajo multidisciplinar y en red puede ser útil tanto para los profesionales sanitarios como para las pacientes en el proceso de toma de decisiones ayudando a minimizar el impacto del proceso oncológico. // Secuelas que merman la calidad de vida Según las investigaciones desarrolladas por la AECC y la SEMFYC las secuelas que más merman la calidad de vida entre las largas supervivientes del cáncer de mama son por este orden: el distrés familiar, el miedo a la recurrencia, los problemas sexuales derivados de haber padecido cáncer y la fatiga crónica. El listado también considera otras variables como el dolor o los problemas cognitivos, así como la evitación social y la afectividad negativa. De hecho, estudios precedentes han señalado que hasta un 18% de los largos supervivientes tienen depresión y un nivel significativo de ansiedad. El miedo a la recurrencia del cáncer es común en las personas que han sobrevivido a un cáncer. Los datos muestran que casi la mitad de las personas supervivientes informan niveles de moderados a severos de miedo a la recaída y en nuestra muestra ha sido de los dominios QLACS con una mayor puntuación media, dominio que además aumentaba de modo significativo si la paciente recibía tratamiento hormonal. Cabe señalar que en todas las dimensiones físicas se ha visto una tendencia a la reducción del malestar a medida que pasa el tiempo desde que finalizó el tratamiento para el cáncer. También la edad constituye una variable importante. Así, las supervivientes de menor edad puntúan más alto en todas las dimensiones referidas a problemáticas físicas, resultados que siguen la línea de estudios previos. Gracias a las respuestas, el estudio ha detectado diferentes síntomas que deben ser tenidos más en cuenta cuando se evalúa la calidad de vida; los problemas emocionales como el miedo a la recurrencia y el distrés familiar afectan más de lo que se estimaba según señalan los resultados obtenidos. // Inequidades Las consecuencias sociales y las problemáticas laborales son aspectos que generan gran deterioro en la calidad de vida de las personas supervivientes. Además, los tratamientos más radicales como la mastectomía y la quimioterapia se han asociado con mayores barreras para el retorno laboral, siendo predictores significativos del desempleo. Según señalan los autores en el texto del artículo referenciando poner el foco en las cuestiones sociales, laborales y financieras es pertinente dado que las personas que sobreviven a un cáncer tienen 1,4 veces más probabilidades de estar en situación de desempleo que aquellas que no han pasado por la enfermedad. En la muestra, poco más de un tercio de las pacientes tenían empleo (39%). Además, las supervivientes de cáncer con ingresos más bajos, menor nivel de educación, de origen étnico minoritario, desempleadas, con discapacidad o con un empleo precario en el momento del diagnóstico tienen un riesgo mayor de experimentar dificultades laborales después del cáncer. A estos problemas laborales se les suman otros relacionados con el ámbito financiero, encontrando impedimentos para acceder a créditos bancarios, seguros médicos y otras dificultades financieras en el ámbito material. Estas dificultades están especialmente presentes en las personas supervivientes que se encuentran en edad laboral. Es decir, “las personas diagnosticadas de cáncer experimentan los efectos de la toxicidad económica derivada de esta enfermedad, entendiéndose como las consecuencias económicas directas e indirectas y las dificultades laborales. Este sí es un problema detectado en esta investigación, aunque la puntuación otorgada indica que es un problema relegado a un segundo plano por las participantes”, señalan en el texto. // Metodología: Seguimiento sobre 1.293 supervivientes de cáncer En el estudio participaron 1.293 mujeres supervivientes de cáncer de mama de 18 a 75 años, a las que se les realizó un cuestionario validado por Quality of Life in Adult Cancer Survivors (QLACS) y una serie de preguntas referidas a variantes clínicas y sociodemográficas. Para ello, también se tuvo en cuenta, la edad de las supervivientes, el tiempo que llevaban libres de enfermedad (fase de reentrada o menos de un año, entre uno y cinco años y más de cinco años) y de si se encontraban recibiendo tratamiento hormonal en el momento de la cumplimentación del cuestionario. // El cáncer de mama, en datos De acuerdo con la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), el cáncer de mama (CM) es el más prevalente del mundo y el segundo tipo de tumor con mayor número de diagnósticos al año. En España, en el año 2023, más de 35.000 mujeres fueron diagnosticadas de cáncer de mama y 6.387 murieron a causa de la enfermedad. La tasa de supervivencia neta a cinco años de este tipo de cáncer se sitúa en el 85,5%, una cifra que aumenta hasta el 96% y el 90% para la supervivencia neta a uno y tres años, respectivamente. Las tasas de supervivencia se traducen en la existencia de un elevado número de mujeres supervivientes de cáncer de mama que presentan una amplia variedad de efectos y secuelas asociadas al proceso oncológico que pueden modificar e interferir en su calidad de vida. El punto de partida de la investigación que ahora se ha publicado era conocer cómo las necesidades de las pacientes con cáncer de mama pueden ser abordadas desde la Atención Primaria, el grupo de trabajo de Cáncer de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria, encabezado por su coordinador Roberto Bernal Bernal, junto a la Asociación Española Contra el Cáncer se han aliado para conocer el impacto de las secuelas y la calidad de vida de las mujeres supervivientes a un cáncer de mama.
