En el artículo “Telemedicina en países en desarrollo y cooperación” se detalla que, aunque la infraestructura necesaria para llevar a cabo la telemedicina, como los teléfonos móviles, no es un gran obstáculo; existen retos centrados en la legislación de datos sobre salud y en la organización de marcos que regulen la implementación de telecomunicaciones con fines médicos. Algo sobre lo que los autores y las autoras puntualizan que hoy en día hay guías internacionales como la estrategia global de salud digital de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Comisión Lancet sobre Salud Global 2035.
Beneficiosa en múltiples áreas de la salud
En el texto se exponen distintos proyectos actuales de telemedicina en países de ingresos bajos o medios, los cuales abordan, por ejemplo (y en el ámbito de la Atención Primaria), el control de enfermedades crónicas y factores de riesgo cardiovasculares; la salud materno-infantil con apps, mensajes de texto y plataformas interactivas para mejorar la atención prenatal, la educación de las madres y la monitorización del desarrollo infantil; la prevención del cáncer o el control del VIH.
Brecha digital respecto a los países con más ingresos
Respecto a los países de ingresos bajos y medianos bajos, el artículo apunta que existe una importante brecha digital en lo que concierne a la telemedicina. Así, los desafíos para implementar esta herramienta en estos y en los de ingresos medios altos varían de forma exponencial.
En los países en desarrollo, se dan numerosas trabas, correlacionadas entre sí, como son, principalmente:
- Falta de recursos humanos y económicos.
- Escasez de financiación.
- Factores organizacionales.
- Menos tecnologías e infraestructuras adecuadas.
- Inexistencia de políticas y marcos regulatorios.
Mejora de la salud mental, la emergencia climática y los procesos migratorios
Echando la vista al futuro, el artículo incide en que la telemedicina podría contribuir a la gestión de las consecuencias del cambio climático, ya que se ha visto que tiene un papel importante “en la evaluación y el manejo de enfermedades relacionadas con inundaciones y otras catástrofes naturales, condiciones de salud mental y enfermedades crónicas, particularmente cuando la atención presencial es inaccesible. El fortalecimiento de los programas de vacunación y la implementación de sistemas de vigilancia robustos, junto con el mantenimiento de la higiene y la sanidad básicas, pueden ayudar a prevenir o contener brotes de enfermedades infecciosas”, describen los y las firmantes.
Por otro lado, el texto también se centra en cómo esta herramienta puede mejorar la salud mental de las personas en países de baja renta, sobre todo en África, donde en 2022 solo había un psiquiatra por cada 500.000 personas. En esta línea, por ejemplo, se explica que las actividades de cribado y detección de problemas de salud mental podrían ser realizadas por un trabajador sanitario no especializado, quien podría derivar a los pacientes a otros servicios intermedios siguiendo el protocolo y el consejo médico de trabajadores especializados en otra zona remota.
Sobre los procesos migratorios, la propuesta de los autores y las autoras es crear una base de datos mundial compartida o diseñar aplicaciones donde los usuarios puedan compartir su historial médico en diferentes países y contextos. En este sentido, existen ya ONG y entidades en el terreno de la cooperación en ruta migratoria que están buscando la manera de unificar esos datos para poder crear una longitudinalidad en el proceso de salud de la persona en curso migratorio.
Cómo ampliar su impacto
En su cierre, el artículo apunta de qué manera se pueden superar los retos estructurales y fomentar la cooperación internacional para una adecuada implementación de la telemedicina.
Con este objetivo, se puntualiza que hay que integrar las TIC en los sistemas de salud, el diseño de políticas holísticas, la formación continua de los usuarios y la adaptación de las soluciones tecnológicas a las realidades locales.
“Estamos frente a una herramienta que tiene el potencial no solo de mejorar la salud de las personas, sino también de promover la equidad y la justicia social a nivel global", sostienen los autores Agustín Francisco Rossetti, María Jesús Castaño Suero, Ángela Sampedro Elvira, Teresa Reimat Corbella, Federica Gutiérrez de Quijano Miceli y Marta Guerrero Muñoz.
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